Imagínate esto: es el 28 de marzo de 1965. Solo tres días antes, el Dr. Martin Luther King Jr. se subió a las escaleras del Capitolio del Estado de Alabama y se dirigió a 25 000 personas al final de la marcha de Selma a Montgomery, un momento que contribuiría a que se aprobara la Ley del Derecho al Voto. Apenas tuvo tiempo de descansar antes de ponerse en camino hacia San Francisco.
¿Su destino? La Catedral de Grace, encaramada en lo alto de Nob Hill.

El sermón del Dr. King en la Catedral de Grace
La imponente estructura de la Catedral de Grace acababa de terminarse, y el Dr. King fue elegido como la primera gran voz en llenar ese espacio recién estrenado.
Invitado por el obispo James Pike, el Dr. King pronunció un sermón titulado «Las tres dimensiones de una vida plena». Aunque la catedral se construyó para acoger a una gran multitud, no pudo dar cabida a todos los que acudieron. Se calcula que unas 5.000 personas abarrotaron los bancos, los pasillos y las últimas filas del coro, desbordando las puertas y llegando hasta las calles de Nob Hill.
Dentro de esa catedral abarrotada y recién terminada, el Dr. King pronunció una de las frases por las que se le conoce mejor:

A la mañana siguiente, todavía en San Francisco, el Dr. King apareció en el programa «Meet the Press» de la NBC. Durante la emisión, anunció sus planes de impulsar un boicot económico contra los productos fabricados en Alabama, para mantener vivo el impulso de Selma.
Es increíble pensar que una de las semanas más trascendentales de la historia de los derechos civiles en Estados Unidos incluyera una parada en la Catedral de Grace de San Francisco. A día de hoy, el sermón del Dr. King sigue siendo uno de los acontecimientos más monumentales y transformadores de la historia de la catedral.

61 años después, esa misma catedral sigue resplandeciendo
La Catedral de Grace es un espacio muy activo y, hoy en día, parte de lo que atrae a la gente a sus puertas es AURA, una instalación inmersiva de luz y sonido.
Tormentas proyectadas, techos en flor, cielos llenos de estrellas y música orquestal creciente se extienden ahora por esas mismas columnas de piedra y arcos abovedados, creando momentos de puro asombro y maravilla.